Sois vosotros.

Y llegaron las Navidades, otra vez. Ese tiempo extraño en el que la vida parece empeñada en subir el volumen de las emociones. Para algunos un momento entrañable en el que celebrar y reunirse. Para otros una sucesión de días difíciles en los que extrañar, anhelar y tratar de encontrar un ánimo que anda perdido en vete tú a saber qué cajón del alma.
O quizás para la gran mayoría sea una mezcla de ambas. Una salsa oriental de gusto agridulce según el plato en el que caiga. Según el momento, la compañía y el lugar.

Nosotros, como proyecto, somos apenas un bebé que empieza a gatear. Ni siquiera hemos cumplido un añito. Así que, en teoría, tocaría disfrutar de forma inconsciente de las luces brillantes, el cariño envuelto en regalos y la algarabía en casa propia y ajena.
Sería genial, pero no nos lo podemos permitir. Nuestro pequeño nació con un objetivo y si algo tiene claro, es que —a pesar de su juventud—, no queda un minuto que perder para tratar de cumplirlo. Así que le toca madurar mucho más rápido de lo normal, como esos cachorros en la vida salvaje que disponen de poco margen para otra cosa que no sea luchar por sobrevivir, por crecer.

Para empezar le hemos tenido que contar que los Reyes Magos… bueno, qué os vamos a contar de los Reyes Magos que no sepáis vosotros ya. Cosas como que su magia es generosa, ilusionante, especial. Cosas como que, con el paso de los años y los descubrimientos de adultos recién dados de alta, esa magia se vuelve —si cabe— aún más entrañable. La magia no muere con el conocimiento, solo cambia de titulares. Y al hacerse terrenal nos permite admirar otro tipo de embrujo: el de la generosidad y el esfuerzo. En definitiva, la magia del amor.

Nuestro sueño es poder ofrecer ese sentimiento en estos días especiales y en todos los demás. También en esos grises e insulsos de mitad de febrero, en un esperanzador amanecer de mayo o quizá en alguna tórrida tarde de julio. En todos ellos, la gran batalla contra el abandono, el maltrato y la inhumanidad seguirá ahí, desafiando al amor.

Pero, volviendo a estas fechas, quizá nos imagines como Reyes Magos repartiendo con festiva euforia regalos aparecidos por arte de magia. Es una imagen bonita, pero equivocada. Nosotros nos vemos más bien como Pajes reales. Es curioso, según los libros sabios, Paje significa jóven servidor de un noble. No podría describirnos mejor. Porque ya hemos hablado de nuestra juventud, pero, sobre todo, porque ese noble es el motivo de que estemos reunidos hoy al calor de estas palabras.
Nobles son los amigos a los que queremos ayudar. Nobles los humanos que luchan sin descanso por su bienestar. Noble en resumen la causa que nos ocupa. Cómo describiría un teórico: todo efecto tiene su causa. Las causas nobles, por ejemplo, tienen efectos maravillosos.

Así que estos humildes pajes solo pretenden hacer llegar a los Reyes Magos esas cartas con deseos. Cartas de humanos tan especiales que no piden para ellos mismos, sino para esos otros amigos que quizá no pueden escribir en un papel, pero que son insuperables garabateando almas.

Guardar celosamente el secreto. Pero nunca olvidéis que en Mascotas con futuro los Reyes Magos… sois vosotros.

Felices fiestas.

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